Novena Reflexión: Tatuajes & Cristianismo.
- 26 jun
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Hace años mi mamá sufrió un accidente por el que la tuvieron que operar, sin duda, para mi familia fueron días muy tristes. Sin embargo, aprendí varias cosas del suceso como por ejemplo, a adorar a Dios aún en la sala de espera de un hospital.
El aprendizaje que más me impacto por el contraste que provocó en mí fue el siguiente: Una persona, en especial, fue varios días a visitar a mi mamá al hospital, en una ocasión la ayudo a bañarse y mientras la sostenía para entrar al baño apareció la imagen que no pude borrar de mi mente:
La persona hacía mucha fuerza para poder sostener a mi mamá, sus brazos estaban descubiertos y observé como en uno de ellos se mostraban varios tatuajes.
Para mí fue impresionante, puesto que mucho se han estigmatizado las apariencias, y específicamente, los tatuajes, los piercings y las extravagancias se han relacionado con cuestiones negativas.
Por el contrario, yo observé algo distinto: un brazo con lleno de tatuajes sostenía fuertemente a una mujer recién operada con la intención de ayudarla.
Fue durante la estadía de mi mamá en el hospital, en los momentos de soledad, que reflexioné como nosotros (la mayoría de la comunidad cristiana) solemos señalar, juzgar y estigmatizar las apariencias. Cuando en realidad, son lo menos importante en una persona.
Y me sorprende aún más, cuando en la misma Biblia (libro base del cristianismo) varias veces se menciona que a Dios no le importan la apariencias, sino el corazón (es decir, lo interior y no lo exterior).
A partir del incidente platicado mi percepción sobre las apariencias cambió radicalmente.
No pretendo afirmar que los tatuajes, piercings, joyas, extravagancias, peinados, etc.; son incorrectos o correctos (sería una afirmación muy tonta), pero si deseo afirmar que son de poca importancia, porque al final, lo que le da valor a un ser humano es la dignidad que le da su interior y no su apariencia.
Concluí en que prefiero un brazo tatuado que busca ayudar a otros, que un brazo limpio que no tiene interés en ayudar a los que le rodean.
Prefiero una oreja o boca con piercing que sabe guardar los secretos que escucha, que una oreja o boca sin piercing que corre rápidamente para contar lo que ha escuchado.
Prefiero una cabeza con algún peinado extravagante que no le cuesta estar bajo el sol con tal de poder servir, que una cabeza con un peinado formal que prefiere la comodidad de la sombra que le ofrece su religión, iglesia o casa.
Y por supuesto, en las generaciones que vienen detrás de mí preferiré por siempre ver adolescentes con cualquier tipo de apariencia que tratan de mantener una íntima relación con Dios, en lugar de adolescentes que saben guardar la postura y apariencia que dicta una denominación o religión pero que poco les importa el conocer profundamente a Dios.
Pido una ovación para los extravagantes, para los tatuados, para las personas que han sido estigmatizadas y para aquellos que a pesar de ser rechazados por su apariencia aun así buscan servirle a Dios y a las personas necesitadas de su alrededor.
Y pido una ovación más grande para Dios porque a pesar de que muchos de nosotros solemos dar un valor inútil a las apariencias, Dios ama y usa a las personas sin importarle tales apariencias.




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