Décima Reflexión: 64 Prédicas en 5 meses! =0
- 15 ago
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64 prédicas en 5 meses, presentadas en 14 ciudades de 3 países distintos... Eso fue lo que estuve haciendo desde febrero hasta junio de este año. Fue una verdadera locura, que aunque disfrute muchísimo, también requirió mucho sacrificio de descanso y tiempo con mi esposa.
Recuerdo que fue entre el año 2018 y 2019 cuando oficialmente comencé a recibir invitaciones para tomar un avión y predicar en lugares distintos. Fue en el 2020 cuando recibí mi primera invitación fuera de mi país. Antes de eso, mis fines de semana los usaba para cinco cosas: buscar a Dios, descansar, ir a la iglesia, estar con amigos y visitar un orfanato y/o un centro de rehabilitación para drogas.
Justamente fue en esos dos últimos lugares en los que comencé a predicar, frente a niños huérfanos y hombres o mujeres con adicción por drogas. Ellos fueron las primeras iglesias en las que comencé a predicar de manera sistemática, fue con ellos donde prediqué por primera vez series de temas o libros de la Biblia.
Tristemente desde que comencé a viajar para predicar dejé de asistir a esos orfanatos o centros de rehabilitación. No sé cómo sentirme al respecto, ¿todavía sigo haciendo la obra de Dios o la dejé de hacer? Esa es una pregunta que retumbó en mi mente hace unos días al ver una película (La celda de los milagros). Este filme me recordó cuántas personas existen en situación vulnerable que necesitan urgentemente del amor de Dios.
A veces, cuando tomo un avión, me encierro en un hotel todo el día para sólo salir en la tarde a predicar en una iglesia y regresar sólo al mismo hotel me pregunto: ¿esto es realmente lo que debería hacer para la obra de Dios? ¿Por qué no pude convivir con huérfanos o adictos a las drogas como lo solía hacer antes?
Quizá es un sentimiento confuso que me permito sentir porque al final, cada vez que se comparte la palabra de Dios es un logro, cualquier persona que la escuche la necesita. No quiero decir que hay personas que necesitan más la Biblia que otros porque "Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia" (Isaías 64:6). Es decir, tanto un huérfano o adicto a las drogas necesita tanto escuchar de Dios como lo necesita el que ante la sociedad es un buen padre, cristiano y viste un traje para ir a una iglesia cada fin de semana.
Sin embargo, a pesar de esto, cada vez que leo sobre el ministerio de Jesús en la tierra observo como se acercaba personalmente con aquellos sectores vulnerables a la sociedad, además de predicar en las sinagogas. Si somos seguidores de Jesús deberíamos seguir ese ejemplo, predicar en la sinagogas (si hemos sido llamados a hacerlo) y convivir con aquellas personas en vulnerabilidad.
Esta reflexión es un reto para mí y espero que lo sea para ti. Si eres cristiano, además de ser parte activa de tu iglesia, busca un lugar en el que puedas compartir de Jesús con tu presencia, puede ser una cárcel, un asilo, las calles llenas de homeless, un orfanato o un centro de rehabilitación para drogas.
No se trata de medir qué tan santos somos según cuánto asistimos a esos lugares, sino de extender lo mayor posible el amor y compañía que hemos recibido de parte de Dios. Estoy seguro que si Jesús estuviera aquí haría exactamente lo mismo que hizo hace dos mil años atrás.




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