Doceava reflexión: La familia del pastor (o predicador)
Mi abuelo fue pastor, mi papá y hermano también lo son. Crecí rodeado de un ambiente religioso. Cada fin de semana había que estar en la iglesia por al menos 5 horas. A veces el tiempo se extendía hasta 12 horas. Para mí era normal, y divertido durante toda la infancia.
Todo cambia cuando empiezas la secundaria. En tu mente algo sucede. Comienzas a preguntarte por qué tu familia es como es. Ves a otros compañeros que no tienen idea de lo que para ti es tan normal. Y no entiendes porqué tu familia te ha criado así.
En el mejor de los casos, te apropias de la fe de tu familiar que es pastor (o predicador), bajo tus propios lineamientos por supuesto. En el peor de los casos, descubres que lo que te han enseñado es basura y no quieres nada que ver con eso.
Mientras tanto, las personas que siguen siendo parte de tu círculo social religioso, siguen esperando lo mismo de ti que vieron durante toda tu infancia, pero eso ya no es posible. En el mejor de los casos, la comunidad religiosa es comprensiva y tolerante.
En el peor, la comunidad religiosa muestra descaradamente su lado tóxico. No comprende que cada persona es una mente que toma decisiones. Y que a veces esas decisiones pueden ser distintas a las del pastor (o predicador).
Por el otro lado, el pastor (o predicador) comienza a cambiar también. Algunos de sus mensajes comienzan a tener menos convicción. O tal vez, se vuelven más maduros. Se da cuenta que lo que solía predicar no era realmente necesario o útil.
En el mejor de los casos, debido a la experiencia con su propia familia, el predicador se vuelve más compasivo en sus sermones. En el peor de los casos, declara la guerra contra todas aquellas personas que se parecen al familiar que se está alejando de su fe.
En una ocasión, hablaba con una señora sobre mi sueño de compartir de Jesús a jóvenes sin interés religioso. Su respuesta a mi sueño fue: "No te deberías desgastar por jóvenes a los que no les interesa la religión, ellos han hecho su decisión". ¿Lo curioso? Ella tenía un hijo que era parte de ese grupo.
En otra ocasión, hablaba con un pastor retirado, la plática se torno personal cuando pregunté por su familia, específicamente por una persona que tenía un estilo de vida muy diferente a él, su respuesta: "Esa persona es un caso perdido". No estoy seguro qué sentimiento había detrás de esa frase, pero sin duda, había muy poca fe en Dios.
Obviamente, todo pastor (o predicador) quisiera que su familia entera siguiera su fe, pero quizá no entienden que ésta puede tener muchos matices. Y al observar que el matiz propio no se sigue, comienza el gran problema.
Sin embargo, ¿Dios realmente esperaba lo mismo de cada personalidad? Mientras leo la Biblia observo como recibía con gusto las danzas de David, al igual que la actitud contemplativa de Elías durante el silbo apacible.
Quizá, los que pastoreamos o predicamos, deberíamos seguir su ejemplo. Jamás pensar que un familiar es un caso perdido. Sino que, si realmente nuestro Dios es todopoderoso, Él puede llamar a nuestro ser querido bajo las condiciones que inspira su personalidad.
Sí, quizá nunca más nos congreguemos en el mismo lugar. Sin embargo, podemos orar con fe a Jesús por nuestro familiar, confiando en sus palabras: "Tengo otras ovejas que no son de este redil y también a ellas debo traerlas. Así ellas escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor " (Juan 10: 16).




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