La influencia del pasado
Debido a que prediqué en una iglesia de Monterrey (México) el fin de semana pasado, pude pasar tiempo con mi familia.
Cada vez que vuelvo a la casa en la que crecí siento como si el tiempo regresara atrás. Recuerdo mucho de lo que viví ahí. Y en esta última ocasión, no fue la excepción.
He estado pensando cuánto nos influyen las experiencias de nuestra infancia. Mucho de lo que vivimos de niños, nos marca de una manera que pareciera no podemos borrar. Seamos conscientes de esto o no.
Hace unos días en las clases de Biblia que imparto, enseñaba cómo muchas de las actitudes que vimos en nuestros padres, terminamos repitiéndolas, pareciera a veces en contra de nuestra propia voluntad.
No importa cuánto éxito se tenga de adulto, o cuánto la vida haya cambiado para uno mismo. Es necesario hacer un alto y reconocer cuál es la influencia del pasado que seguimos permitiendo en nuestro presente.
A veces el pasado lastimó nuestro corazón, y después de 10, 20 o 30 años seguimos cargando el mismo rencor, sin reconocer exactamente dónde se originó esa profunda herida.
En otras ocasiones tratamos de huir de la influencia del pasado, a tal grado que saltamos desde un extremo al otro. Es la típica historia del hijo de padres sumamente religiosos, que termina viviendo una vida con falta de valores básicos. O la del hijo de aquél hombre que fue alcohólico, que al crecer sataniza el más mínimo uso del alcohol en las personas que le rodean.
Puede que a veces no nos demos cuenta de esa influenciade nuestra infancia, pero está ahí, escondida a veces en las sombras de nuestra mente. Agazadapada en los rincones más oscuros de nuestro corazón.
Por eso, necesitamos reconciliarnos con nuestro pasado. Sin importar que hayamos hecho o nos hayan provocado, debemos tener el valor de enfrentar eso que nos marcó de niños, para perdonarlo, sanarlo y superarlo.
Si acaso tus padres no hicieron el mejor trabajo, probablemente necesites aprender a perdonarlos, por tu propio beneficio. Si acaso alguien te lastimó en los primeros años de tu vida, quizá necesites encontrar una forma de sanarlo. De otra manera, creceremos siendo esclavos de nuestras propias heridas del pasado.
En la Biblia se dice que la única manera de liberarse de la influencia del pasado, es a través del amor. Y por más cursi que esto suene, es completamente verdad. La mejor muestra de amor hacia uno mismo, es dejar a un lado el rencor y el odio del pasado.
Quizá por esto, luego de describir lo que es el amor, Pablo dijo: "Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño." (1° Corintios 13: 11 NVI). El contexto de este versículo no tiene mucho que ver con el tema de esta reflexión, pero es cierto que al crecer debemos evitar cargar el peso de la infancia en nuestros hombros.
No podemos cambiar nuestra infancia, pero sí podemos decidir cómo determinará las decisiones de nuestro futuro. Pídele a Dios que a través de su amor, puedas liberarte absolutamente de tu pasado.
Mi recomendación, tan pronto como puedas, enfrenta la influencia de tu pasado con compasión, con paciencia y con un espíritu dispuesto a perdonar. Sólo de esa manera tendrás la libertad de construir un futuro libre de aquello que por muchos años te esclavizó.




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